Adultos, los grandes olvidados

El 27 de noviembre de 2007 la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que declara el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, pero no se estableció como un día de celebración, sino como un día para reivindicar.

Si el autismo, a pesar de la gran cantidad de actividades reivindicativas, políticas, de concienciación, etcétera, es un aspecto cuasi etéreo, que roza la invisibilidad, dentro de este gigantesco y dispar colectivo los adultos son todavía más invisibles, casi inexistentes.

Encontramos actualmente a un grupo de adultos que vienen siendo diagnosticados de forma reciente, o incluso que se han autodiagnosticado, son personas que, aunque con menos necesidades de apoyo, sí requerían de determinados modelos de atención, tanto ellos como sus familias. La llegada del diagnóstico en la edad adulta puede ser un momento esclarecedor, que viene a dar respuesta a muchas preguntas, pero ese diagnóstico da eso, respuestas, pero no da soluciones.

Aquellas personas con más necesidades de apoyo, en muchos casos, necesidades permanentes de apoyos, han pasado por un proceso de prácticas que hoy en día a nadie se le ocurre aplicar, pero en su momento, pues era lo que había, o lo que se suponía que era lo correcto, hoy sabemos que muchas de esas prácticas o no fueron las más adecuadas, o incluso en determinados casos, perjudiciales.

No es cuestión de elaborar juicios condenatorios, sino de manifestar una realidad, el avance en el conocimiento es continuado, y quizá, lo que hoy consideramos adecuado, dentro de 20 años no lo sea.

En cualquier caso, este grupo de mujeres y hombres, que se enfrentan a diario a una gran cantidad de retos, tanto a nivel personal como familiar siguen demandando soluciones, ya saben cual es su realidad, pero ahora desean dignidad en su vida.

Es pues un esfuerzo que entre todos debemos llevar a cabo para poder empezar también a dar la atención que requieren y merecen, porque las personas adultas se enfrentan también a un proceso inevitable, la vejez, y apenas existen programas o planes de envejecimiento activo y digno, que ese es otro de los desafíos que ya están tocando a la puerta, pero nadie parece contestar al otro lado.

Debemos pues entender que la atención al adulto y los programas de envejecimiento digno deben ser puestos de relevancia, quienes hoy tienen niños o adolescentes, antes de que se den cuenta, tendrán hijos ya adultos, no es una cuestión para dejar postpuesta sin fecha.

Es una necesidad, es una obligación, y además es una deuda del resto del colectivo, quizá, sin esos adultos, no tendríamos los avances que ayudan a los niños de hoy.

Autor: Daniel Comin
Origen: Autismo Diario

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