El mercado descarta una negociación de la deuda sin quitas y espera una solución rápida

El Gobierno de Alberto Fernández deberá rediscutir cómo pagar U$S100.000 millones, entre los pasivos con el FMI y con acreedores privados.

Alberto Fernández tendrá como una de sus metas prioritarias aliviar la carga de la deuda.

En las oficinas del quinto piso Ministerio de Hacienda, un manojo de carpetas esperan por el próximo huésped. En esos papeles hay información decisiva con la que el próximo Gobierno encarará uno de los objetivos prioritarios de la gestión: reestructurar la deuda pública. En los últimos tres meses el Poder Ejecutivo inició rondas de diálogo con grandes bancos internacionales para saber qué piensan los inversores sobre el proceso de renegociación que recién empieza. Cuando aún restan poco más de dos semanas para el traspaso de mando, el mercado cree que Alberto Fernández no tiene margen para buscar una salida “a la uruguaya” y es muy difícil que no haya una quita de capital para los tenedores de bonos, aunque el porcentaje no está definido.

El reperfilamiento de la deuda argentina, que anunció el ministro Hernán Lacunza a fines de agosto, busca alivianar la carga de los pasivos que enfrenta el país en los próximos años, principalmente ante acreedores privados y ante el Fondo Monetario Internacional, por unos U$S100.000 millones. La crisis cambiaria que se inició el año pasado cortó el financiamiento internacional al Estado y los intereses a pagar fueron ganando cada vez más peso en el Presupuesto.

Ese “endurecimiento” de las condiciones financieras a las que se vio sometida la Argentina obligó al Gobierno a despejar dudas sobre la capacidad de pago. El primer paso fue admitir que el Estado no podía pagar sus obligaciones tal como estaba previsto originalmente. La idea inicial de Hacienda fue proponer solo un estiramiento en los plazos para abonar.

Alberto Fernández también se pronunció en este sentido cuando prometió, durante la campaña, sentarse a negociar con los acreedores una reestructuración similar a la que hizo Uruguay en 2003, en la que no realizó recortes de capital a sus bonistas pero consiguió 5 años de gracia para normalizar sus pagos.

Pero en las últimas semanas, los analistas locales y del exterior comenzaron a trazar otro panorama. Así, consideraron que una reestructuración sin quitas no es suficiente para que la deuda pública vuelva a tener niveles sustentables. Sería necesario, entonces, una negociación más “agresiva”. Las características de esa negociación dependerán de varios elementos sobre los que aún el presidente electo no se pronunció, entre ellos cuál serán sus programas fiscal y monetario.

Tanto economistas del nuevo oficialismo como funcionarios actuales y fondos de inversión coinciden en al menos una cuestión: la negociación y la solución al problema de la deuda no puede demorarse. En el horizonte cercano aparecen vencimientos por U$S27.000 millones solo con acreedores privados en los primeros siete meses de administración del Frente de Todos.

Reestructuración: quitas, plazos, cupones y canjes

Entre fines de agosto y fines de septiembre el Ministerio de Hacienda mantuvo reuniones con bancos internacionales, que hablaron ante el Estado como representantes de los inversores con bonos argentinos a reperfilar.

Un funcionario con despacho en el Palacio de Hacienda, “hicimos un ejercicio de reperfilamiento con los bancos, que nos trajeron sus ideas. Si bien no son ellos los tenedores de los títulos públicos, hablan con los fondos de inversión y presentan sus propuestas. Son un jugador necesario y te dan ideas frescas para el debate”, explicó.

La renegociación de la deuda abre varios caminos más o menos amigables para los tenedores de bonos argentinos. Por definición, una salida “ideal” para los inversores no incluye una quita de capital ni una disminución de los intereses, pero sí un plazo mayor para esperar el cobro.

En los últimos días trascendió que el equipo económico de Alberto Fernández evaluaba sentarse a la mesa para negociar una suspensión de los pagos de la deuda durante dos años. Pero uno de los referentes en ese área del Frente de Todos, Guillermo Nielsen, lo desmintió este jueves en su cuenta de Twitter. “Eso es totalmente falso. No avalamos ninguna propuesta en ese sentido”, escribió.

La propuesta fue de Martín Guzmán, un asesor cercano a Fernández y discípulo del Nóbel de Economía Joseph Stiglitz. En los últimos días, su nombre se incorporó a la paleta de ministeriables que pueden desembarcar en el Palacio de Hacienda a partir del 10 de diciembre.

El Jefe de Estrategia de GMA Capital, Nery Persichini, realizó un ejercicio de reestructuración con una eventual quita de capital del 20% y dos años de gracia, y planteó cuatro escenarios, en los que los nuevos bonos del canje de deuda paguen intereses de 4, 5, 6 y 7 por ciento. De acuerdo a los precios actuales de los títulos públicos, concluyó que el mercado descontaría un reperfilamiento de entre 10 y 15 años y cupones de interés menores a 6%.

“Hay un montón de factores y lo único que sabemos es que no hay nada cierto todavía. Es muy difícil una salida ‘a la uruguaya’. El producto final tiene que ser que la deuda sustentable. El país va a necesitar superávit primario para poder pagar. Si Argentina no crece y no se pone firme en términos fiscales, la sustentabilidad se va a lograr solo con una negociación más agresiva”, concluyó Persichini.

El fondo de inversión inglés Barclays realizó en las últimas horas un informe para sus clientes en la que refleja una visión más optimista sobre las negociaciones con los tenedores privados, pero consideró al mismo tiempo que la dificultad podría pasar por el gran acreedor del país: el FMI.

“Esperamos una reestructuración relativamente rápida sin grandes recortes nominales. Pero las negociaciones con el FMI podrían resultar más prolongadas, con el riesgo de que una demora también ponga en espera las negociaciones con los acreedores externos”, apuntó.

Al mismo tiempo, consideró que llevar los niveles de endeudamiento a niveles razonables implicaría un recorte de capital fuerte. “Reducir significativamente los niveles de deuda requeriría una gran quita nominal. Reducir los niveles de deuda a, por ejemplo, el 55%, que el FMI creía que era adecuado en 2016, exigiría una quita 65%. Pero se conoce que el tamaño de las quitas afecta el acceso al mercado después de las reestructuraciones”, consideró Barclays.

La economista de Econviews, Lorena Giorgio, agregó otros factores a tener en cuenta. “Los tenedores privados seguramente acepten alguna quita, aunque al igual que el FMI, exigirán a cambio el compromiso del gobierno de reducir el déficit fiscal y la adopción de algunas reformas estructurales. Como punto a favor, las bajas tasas de interés a nivel global podrían favorecer estas negociaciones, y un posterior retorno del país a los mercados de crédito internacionales”, aseguró.

La fuente de Hacienda, que estuvo involucrada en las conversaciones iniciales con los bancos, consideró ante este medio que hablar a esta altura de quitas y nuevos plazos “es poner el carro adelante del caballo”. “El que tenga una posición grande en bonos primero va a ver cuál es el contexto, la posición fiscal, la negociación con el FMI y la política monetaria que venga. Hablar en abstracto sobre quitas o años de gracia son especulaciones, no lo dice ninguna contraparte en esta negociación”, concluyó.

Objetivo marzo 2020: la propuesta de un economista cercano a Alberto
Martín Guzmán es un experto argentino en deuda soberana de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos y que trabajó con el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz.

Guzmán fue señalado en los últimos meses como uno de los integrantes del grupo de economistas que asesoró a Alberto Fernández para encarar la reestructuración de la deuda argentina. Esta semana Guzmán realizó una presentación ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en que hizo referencia al caso argentino.

El economista consideró, por un lado, que el plazo para encontrar una solución exitosa al reperfilamiento es marzo, menos de tres meses después de la asunción de Fernández en el Poder Ejecutivo.

Guzmán planteó varios puntos para un “camino posible para recuperar la sostenibilidad de la deuda”. Entre ellos, propuso no pagar servicios de deuda en 2020 y 2021 mediante “extensión de vencimientos y modificación de intereses”. Por otro lado, cree que será conveniente una “convergencia al superávit fiscal primario y de balanza comercial”.

Además, propuso que si hay nuevos desembolsos del FMI “los fondos deben utilizarse para inversiones orientadas al aumento de la producción en el sector transable”, es decir, para incrementar las exportaciones. De esa forma, el país podría generar los dólares necesarios para repagar su deuda.

La necesidad de divisas que tendrá el país en los primeros meses de Gobierno de Fernández será elevada. De acuerdo a información de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), entre diciembre y junio de 2020 el Estado afrontará vencimientos de deuda por U$S52.206 millones, de los cuales casi U$S27.000 millones pertenecen a tenedores privados. A su vez, de esa suma, U$S15.140 millones son obligaciones en moneda extranjera, mientras el resto es en pesos.

Guzmán culminó su presentación afirmando que una de las condiciones necesarias para llegar a una reestructuración exitosa es “no caer en default en diciembre” y cerró con una pregunta retórica que mira la historia de la Argentina como deudor: “¿Esta vez será diferente?”.

Para el economista de la consultora Invecq, Santiago Bulat, “plantear solo mayor plazo de pago ya no es posible y eso va muy atado al historial crediticio que tiene el país. Argentina no es el mismo caso que Uruguay en ese sentido. No es gratis caer en default. Argentina ya está en default de Letras del Tesoro desde cuando anunció el reperfilamiento y lo va a hacer si hay quitas de los bonos de largo plazo”, explicó.

“Cuando Argentina anunció la reestructuración de los bonos que cayeron en default en 2001, el país tardó 42 meses en volver a conseguir plata prestada por la disparada del riesgo país. En ese contexto histórico, volver a caer en default sería mucho más costoso para la Argentina”, agregó Bulat.

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