Elerio, el primer maestro jardinero wichi: “Los problemas de nuestra comunidad se solucionan con educación”

Se recibió en 2018 y sueña con trabajar en la escuela donde pudo estudiar. En diálogo con los medios habló de los principales problemas: diferencias culturales, falta de auxiliares bilingües y políticas públicas que no contemplan la interculturalidad.

Su sueño es insertarse en la escuela primaria de Alto La Sierra.

Elerio María, se convirtió en el primer maestro jardinero wichi de la Argentina. Vive en Alto La Sierra, Salta y sueña con dar clases en la misma escuela donde cursó sus estudios. El docente habló de la necesidad de una educación que atienda las diferencias culturales y que integre a los chicos de pueblos originarios. También se refirió a las muertes por desnutrición que sufre la comunidad wichi de esa provincia.

“Una educación basada en la interculturalidad va a abrir la puerta a un buen diálogo y así solucionar los problemas de nuestra comunidad. Toda la prensa nacional está centrada en el problema sociosanitario, pero la solución nace de la educación”, dice convencido.

Según Elerio, la base de todos los problemas es la diferencia en el lenguaje. La escuela se convierte en un obstáculo en lugar de un puente, cuestiona.

“La característica común de nosotros es la timidez y el miedo de involucrarnos, especialmente con los criollos. Nos cuesta mucho el tema de hablar el castellano y la integración pasa mucho por ese lado”, dice. El maestro jardinero señala la urgencia de incorporar más auxiliares bilingües para trabajar como parejas pedagógicas de los docentes, sobre todo en nivel inicial.

Los niños wichi que crecen en su comunidad con sus familias y sus valores y especialmente con su idioma se insertan a los cuatro o cinco años en un colegio donde el docente da clases en español, y el choque hace que muchos abandonen, o que ni siquiera asistan al jardín. Solo entre un 30% y un 40% de los niños wichis cursa el nivel inicial, estimó.

Elerio está casado y es papá de Isaías de cuatro años y de N’hoyen, de un año y dos meses .

“Acá nos cuesta un montón el sistema del criollo. Ellos tienen sus formas de pensar, de jugar, de dialogar, de comer, y hay valores que nosotros tenemos de la casa, de la familia y por ahí no encajan con los rasgos o la cultura dominante, y a los chiquitos les cuesta más”, dice Elerio.

“Pero lo más básico es el hablar español. Por ahí hay chicos que quieren integrarse pero se ven limitados por eso. A mi me pasó lo mismo. Cuando llegué a la primaria, me costó un montón. Muchas veces los docentes se frustran porque los chicos no quieren estudiar, pero es por eso”, agrega.

De la boca para afuera
“En Salta siempre se habla de la interculturalidad pero viendo la realidad en las escuelas muchas veces no se cumple. Desde la provincia no imparte la igualdad”, reclama.

Elerio tiene 31 años y es papá de dos varones, de cuatro y un año. “Nosotros crecemos en un ambiente muy familiar donde se habla la lengua autóctona. Imagínese mandar a mi hijo a la escuela, es una frustración para él cuando llega y se encuentra con otra realidad”, insiste.

“El docente trabaja solo y le cuesta un montón tratar con los más chiquititos, y no les dan participación a los auxiliares bilingües”, agrega.

Docentes sobran

Elerio se recibió en 2018, junto a 35 compañeros. Sin embargo, todavía no recibieron su título terciario, los que les imposibilita el acceso a un cargo docente en su pueblo o los alrededores. Mientras, solo en la escuela primaria de Alto La Sierra, se espera para 2020 el ingreso de 1200 alumnos.

“No sabemos por qué demoran el título, nadie quiere dar una explicación. Se nos complicó mucho y no podemos entrar a trabajar”, lamenta Elerio, que sueña con integrarse a la comunidad donde él mismo hizo la primaria y donde el docente bilingüe Julio Díaz está a punto de jubilarse.

Elerio María y Julio Díaz junto a estudiantes de la escuela de Alto La Sierra .

“Mi sueño es trabajar en la escuelita y que revaloricemos nuestra cultura, pero también mostrar las realidades. Grandes políticos arman discursos sobre los pueblos originarios. Se la pasan hablando y nunca ven la realidad”, reflexiona.

“Y que el gobierno de turno vea el tema de la infraestructura, que es fundamental. Me gustaría que el día de mañana mis hijos tengan donde estudiar, con maestros bilingües capacitados para enseñarles en su lengua materna, que no se pierda, y a través de ahí coordinar con lo que es la otra cultura de los blancos. La falencia educativa recae en la atención primaria de salud y por eso tenemos los problemas que se ven a nivel nacional”, cierra.

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