La vida a través de la pantalla: la vida que no te cuentan

teletrabajo

Cuando llevas tanto tiempo viviendo tu día a día en tu casa por la cuarentena y sabes positivamente que tu futuro y la vuelta a la normalidad es incierta y desde luego tardará mucho (y estás colaborando con muchas entidades y proyectos al mismo tiempo como me pasa a mí) se hace inevitable el trasladar las reuniones de trabajo a la vía telemática, es decir, al teletrabajo. Pero esta realidad que aparentemente puede parecer indiferente, indolora y perfectamente adaptable, accesible y compatible (porque se da por sentado que es así para todos y para todas las personas con discapacidad) esconde mucha frustración y otros problemas psicológicos muy difíciles de detectar que conducen a un continuo desaliento y por consecuencia, a un impacto social negativo muy grande que se mezcla con esta realidad.

Las reuniones online te obligan a estar mirando una pantalla durante varias horas. Esto que puede parecer tan simple, no lo es en absoluto porque:

Aumenta tu sensación de desasosiego. Porque al mismo tiempo que sabes que estás en tu casa, no puedes moverte con libertad y tienes que estar inmóvil. Eso hace que te sientas continuamente vigilado

Al mismo tiempo éste sigue siendo tu hogar (en el que se supone que es un espacio íntimo) y el sentirte observado en todo momento, mientras estás trabajando, hace que te estreses y que acumules tensión porque no sabes qué hacer ni cómo sentirte. Eso hace que intentes huir de esa situación lo más que se te permita: intentas no ponerte con el ordenador sino con el móvil, para que tengas libertad de movimientos, no pones la cámara, (porque eso te hace sentir extremadamente observado ya que todo el mundo puede ver lo que estás haciendo en todo momento por tanto, cuan intranquilo te estas poniendo) Y eso hace que sientas la desagradable y prácticamente insoportable presión de que cualquier movimiento tuyo podría ponerte en evidencia. Esta variedad de sentimientos y acciones te mete en un círculo vicioso del que te cuesta muchísimo salir.

El estar intranquilo y sentirte vigilado y angustiado, hace que te obligues a ti mismo a recomponerte y a estar activo, es decir que te sientes obligado a escuchar más y participar más activamente.

Este simple acto provoca en ti más ansiedad, inquietud y, por tanto, movimiento. Yo soy una persona inquieta por naturaleza y cuánto peor me siento, más me muevo, todo ello con la esperanza de descargar presión: empiezo a mover la pierna, me pongo a andar de un lado a otro (todo lo que me permite mi estrecha habitación) a golpear suavemente los muebles, me estiro, me muevo en la silla e incluso me pongo a hacer aspavientos con los brazos y muecas con la cara y sonidos al aire y con mi cuerpo. También me quito los cascos y silencio el micrófono para evitar que me oigan y aprovecho la oportunidad de cuando uno está hablando para pasear compulsivamente, ponerme a bailar y ponerme música para relejarme y evadirme de esta situación, unos preciados pocos minutos con la esperanza de sentirme mejor.

Lógicamente la situación se mantiene y no solamente no mejora, sino que ves que aumenta y que tus “remedios” para situaciones de ansiedad no están dando sus frutos.

Eso de no poder estar como quieres en tu casa y no sentirte libre, produce en ti un efecto psicológico llamado disonancia cognitiva que hace que te sientas inseguro e incapaz de saber qué te está pasando, qué es lo que sientes y porque te sientes así

Un efecto psicológico así prolongado en el tiempo hace que tu cuerpo experimente cambios físicos: mareos, incapacidad para concentrarse, pérdida bastante significativa de la atención, sensación de claustrofobia, náuseas… y otros problemas físicos y psicológicos que se mezclan con el impacto social y emocional que vives por la cuarentena.

Esto se une al otro punto de que, al obligarte a estar concentrado, a escuchar activamente y a ser participativo, lógicamente, te es imposible lograrlo, pues se mezcla con todas las consecuencias anteriores. Eso hace que te sientas frustrado y mal contigo mismo y te culpas a ti mismo por no poder hacerlo cuando ves tanta gente que sí lo hace, sin ninguna dificultad aparente.

Entonces, ante todo este panorama ¿Qué haces? Presionarte y dudar. Te han dicho siempre que quienes están en el espectro del autismo no necesitan contacto humano, que se sienten cómodos manteniendo la distancia, que se manejan bien y mejor haciendo las cosas a distancia y a través de las tecnologías que socializando directamente en persona, pero sobre todo, que las terapias  y el teletrabajo online son plenamente accesibles así que todo esto te lo acabas creyendo y te obligas a sobreponerte y a “intentar” por todos los medios hacer lo que esperan que hagas, es decir,  comportarte exactamente igual que cuando tenías las reuniones presencialmente. Porque ves a personas asperger que lo llevan bien e incluso a personas con muchas más necesidades de apoyo que también lo hacen. Por eso al final te acabas preguntando y cuestionando “¿En verdad soy la única?” “¿Por qué a nadie le pasa esto?” ¡LA GENTE Y YO MISMA ESPERAN DE MÍ QUE LO HAGA PORQUE NUNCA HE TENIDO PROBLEMA CON LAS REUNIONES!

Y si tú a ti misma no crees que esto te pueda pasar y sea posible ¿Por qué iban a hacerlo los demás? Si no puedes explicártelo a ti misma y llegar a entenderlo desde luego ni se te pasa por la cabeza que tus compañeros de trabajo, lo entenderán, y para desgracia tuya, no puedes evitar pensar que puede que incluso te culpen y te digan cosas tales “Porque no te estás esforzando lo suficiente” “Porque hasta ahora, nadie se ha quejado” con lo cual, hacerlo y decirlo, ni te lo planteas.

Porque si solamente ves que esto te pasa a ti hace que te culpes a ti mismo por no ser capaz de afrontar la situación como todos los demás y que achaques estos problemas a otra situación (Ejemplo:” Me siento mal por la cuarentena y el confinamiento, no por el teletrabajo.”)

Pero la auténtica realidad que te cuesta ver desde un principio es que más gente le pasa lo mismo que a ti en especial las personas en el espectro, y es perfectamente lícito y humano sentirse así. Claro que eso, hasta que no investigas y te das permiso para observar todo esto sin una perspectiva capacitista por tu parte, no te das cuenta de ello.

Entonces, te toca hacerte la misma pregunta ¿qué hacen todas las personas que se encuentran atravesando situaciones traumáticas debido al aislamiento producido por el confinamiento estricto y prolongado? Esa pregunta es “¿Qué haces para sobrellevar todo esto?”. Porque lógicamente toda esta situación se mezcla con el impacto y los efectos nocivos de la cuarentena creando una nueva realidad, más nociva y más dramática para ti que afecta a tu calidad de vida en todo los ámbitos. En un intento desesperado por sentirte mejor, empiezas a poner en práctica los consejos y técnicas sobre autonomía que conoces y que todos los psicólogos y profesionales te dicen que hagas. Pautas de conducta tales como “come sano, haz ejercicio, sal a pasear, ten una rutina, trabaja en horas productivas, no te quedes hasta tarde viendo cosas, ten un horario regular de sueño, no te quedes en pijama, haz de la habitación un espacio agradable, ten orden y limpieza…” que todo el mundo conoce.

Pero, al fin y al cabo, después de probar todo esto, apuntártelo, repetirlo y obsesionarte con ello como si fuera un mantra, te das cuenta de que esto irónicamente te hace sentirte más atrapado y no te sientes mejor. Entonces empiezan los trastornos de sueño, la incapacidad para dormirte, las pesadillas constantes, el no dormir de seguido, los problemas gastrointentinales, la pérdida de apetito o apetito en exceso, el cansancio, la apatía, los bloqueos mentales, la depresión, ansiedad, pérdida de control e iniciativa…

Entonces te das cuenta y sientes que esto en tu caso no te sirve porque lo que quieres y tienes es una necesidad patológica de querer escapar y querer evadirte y hacer las cosas que te llenan, aunque sepas positivamente que no es lo que te recomiendan

Porque realmente lo más duro a lo que me he tenido que enfrentar es a concederme permiso a mí misma para “abandonarme”, aislarme y “meterme en mi cueva” y no sentirme culpable por ello, es decir hacer lo que yo creo que es bueno para mí, sin importar que es lo que puedan pensar otras personas.

Y al hacer esto durante un periodo de tiempo, eso me ha dado más fuerzas para enfrentarme a todo lo demás porque mientras no te abandones completamente y hagas esto el resto de tus días te da las ganas necesarias para enfrentar con más fuerza la situación de la cuarentena si tu así lo sientes y lo necesitas, eso lo convierte en una terapia perfectamente válida. 

Acerca de la autora:

Cristina Paredero. Es activista, ponente, representante, conferenciante y formadora en autismo, TEA, igualdad de género y discapacidad intelectual con más de 8 años de experiencia en estas áreas. Entre sus labores destaca el formar parte del grupo GADIR o Grupo de Apoyo a la Dirección y en su Junta Directiva en Plena Inclusión Confederación. Mantiene el blog “Realidad TEA y Diversidad”. Miembro de la Comisión de Adultos Asperger y vocal de enlace con la Junta Directiva de Asociación Asperger Madrid.  

Origen: Autismo Diario

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