Posverdad: las claves del problema de la desinformación y las fake news en Internet

Un documental analiza el fenómeno que sigue creciendo y que podría afectar nuevamente las elecciones de Estados Unidos. Cómo combatir estos engaños o evitar caer en ellos.

Posverdad: las claves del problema de la desinformación y las fake news.

“Son un arma. Hay posibles consecuencias terribles. Pero si otros las usan nosotros también tenemos que hacerlo” afirma Jack Burkman, un operador político estadounidense que no tiene problemas en meterse en el barro y decir lo que piensa. Tiene otra excusa, filosófica: “¿Qué es la verdad? Si uno estudia filosofía aprendemos que no hay realidad, sino solo una percepción de ella”, detalla con una sonrisa.

El operador habla, por supuesto, de las fake news, las noticias falsas que se propagan mucho más que las verdaderas y que, desafortunadamente, son consumidas y aceptadas como ciertas por cada vez más personas.

Posverdad: la desinformación y el costo de las fake news es un documental de HBO dirigido por Andrew Rossi. En vez de hablar de teorías, de tendencias o de algoritmos, va directo al hueso: muestra casos reales con consecuencias reales. Conspiraciones respecto a entrenamientos del ejército de Estados Unidos, que tuvo que salir a explicar qué estaba haciendo en un pueblo de Texas. Rumores como que Obama nació en Kenya. O el problema de los “comunicadores” o medios como Fox News en Estados Unidos que publican información que no es verdadera.

Lo más llamativo quizás es una de las teorías más insólitas de los últimos tiempos, el “pizzagate”, un escándalo que involucró a una pizzería de Washington, Comet Ping Ping, a la que acusaron de trata de personas, tráfico de niños y pedofilia.

Para resumir este caso, surgió después del hackeo que sufrió en sus correos John Podesta, que manejaba la campaña electoral de Hillary Clinton en 2016. Sus mails fueron compartidos en Wikileaks y posteriormente llegaron a otros lugares, como 4chan y Reddit.

Como él pedía pizza en Comet Ping Ping, muchos empezaron a analizar sus correos, buscando analogías entre los pedidos y los correos para llegar a la insólita conclusión: hablaban de pornografía infantil, abuso de menores y muchas otras cosas. Parece completamente irreal, pero para algunos no lo era.

¿Cómo terminó el asunto? Un hombre de Carolina del Norte viajó hasta el local, armado con un rifle de asalto, para “investigar” o incluso “liberar” a los chicos que supuestamente estaban cautivos en un calabozo en el sótano. Por supuesto, cuando llegó, no había nadie: era información falsa.

Fake news, el término que muchos eligen rechazar -si son falsas no son noticias, por eso en TN.com.ar hablamos de desinformación-, es adoptado por otros. El documental, por ejemplo, muestra cómo Trump lo transformó en “medios opositores”. Los que no están con él son los que diseminan “fake news”. O en palabras del mandatario, “fake news media”.

“El público confunde las noticias verdaderas y las falsas, especialmente si lo ven en Internet”, resume Elizabeth Williamson, The New York Times. Y el problema se potencia por las redes sociales, como analizamos hace poco con otro documental, The Social Dilemma.

“Las mentiras descaradas forman parte del discurso político desde la antigüedad griega y romana”, explicó el historiador estadounidense Robert Zaretsky, de la Universidad de Houston. Un estudio reciente del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachusetts) destacó que las fake news se replican hasta seis veces más rápido que las verdaderas. ¿De quién es la culpa? En gran parte de los usuarios. Ellos son en general los que comparten información no chequeada o de páginas dudosas sin preocuparse por la veracidad.

El estudio fue realizado sobre 126.000 informaciones verdaderas y falsas entre 2006 y 2017, difundidas por Twitter por tres millones de personas más de 4,5 millones de veces. En promedio, las noticias verdaderas requieren seis veces más de tiempo que las engañosas para llegar a 1.500 personas, según sus análisis.

“Poco antes de las elecciones de 2016 nos dimos cuenta que las noticias falsas se propagaban mucho más que las verdaderas. Y días antes de los comicios, las fake news tenían mucho más engagement” resume en el documental Craig Silverman, de Buzzfeed.

“No sabemos el costo de las fake news. No sabemos a dónde está yendo. Pero si otras las usan, yo también las voy a usar” vuelve a aportar Burkman.

¿La clave pasa por eliminar el contenido falso? No para Mark Zuckerberg. En un podcast que rescatan en el documental Posverdad, Zuckerberg se declara judío y explica que aunque le parezca ofensivo, no cree que deban eliminar páginas que niegan el holocausto. “Los que niegan el Holocausto no mienten adrede”, dice el fundador de Facebook. Pero es una mentira, como destaca Kara Swisher, periodista de Recode. ¿No sería más fácil eliminar el contenido falso?

El documental destaca la importancia de este problema moderno que afecta a todos, desde los que comparten una noticia que puede parecer insignificante hasta a los manipuladores de masas, o los que buscan cambiar el curso de una elección.

En 2019 el FBI designó a las teorías conspirativas como el #Pizzagate como una amenaza terrorista doméstica. Los especialistas además alertaron sobre las campaña de desinformación para las elecciones presidenciales de 2020.

Qué hacer con la desinformación
Hablamos sobre este tema con Gabriel Zurdo, CEO de BTR Consulting y especialista en ciberseguridad, riesgo tecnológico y de negocios.

-¿Cómo deberían combatir las redes sociales las noticias falsas y la desinformación?

En primer lugar deberíamos discutir si quieren combatirlas. Las redes sociales y la industria tecnológica nos imponen la pulsión tecnológica y desde allí monetizan más usuarios. Más tiempo conectados es más dinero.

Un video viral de un suicidio online acontecido en la vida real, transmitido en vivo por Facebook y viralizado a través de TikTok habla de la transversalidad de nuestras conductas digitales y de lo que les interesa de nosotros. El patrón es el mismo para las noticias falsas y la desinformación. Las “fake news” tienen un 70% más de probabilidades de ser replicadas que las noticias verdaderas. Se difunden viralmente mediante ‘bots’. El problema no son los ‘bots’, son las personas. La novedad y las emociones que provocan son las claves de la viralización de las noticias falsas. Una noticia verdadera tiene que ser hasta 6 veces más larga que una falsa para llegar a 1.500 personas.

El crecimiento exponencial de la industria, hoy la más valiosa del planeta, hace que especialmente en pandemia/cuarentena, estemos atravesados por la vida digital. Un usuario promedio utiliza 3,5 redes sociales diariamente. Consumimos redes sociales mientras manejamos (el 65% lo reconoce), cuando asistimos a templo o iglesia (24% al menos una vez) y al recibir una notificación sonora durante una relación sexual (entre 12% y 14%).

Existe suficiente inteligencia artificial para determinar si una foto de un pecho femenino incluye un pezón o no, pero no para evitar la viralización de contenido inapropiado para menores.

La enfermedad COVID-19 ha generado innumerables teorías de conspiración, engaños y falsedades en todo el mundo. Las noticias falsas avanzan conforme se expande el virus de Wuhan, han seguido el mismo camino de proliferación y masificación. WhatsApp, Redes Sociales, mail y portales dudosos, son en este orden los vehículos que impulsan la difusión de estos contenidos.

Pero si se trata de parar contenidos como “El Papa tiene coronavirus” o “Hacer gárgaras con agua tibia o enjuague bucal te protege del coronavirus y tomar sorbos de agua cada 15 minutos hace que los jugos gástricos ‘quemen’ el virus”, organismos de control, reguladores, gobiernos, no parecen interesarse, excepto que en Twitter se afecte la moral y honor de algún funcionario. ¿Quién establece reglas y normas de control en una economía global y en la nueva normalidad atravesada por la hiperconectividad? Apenas la Comunidad Europea imprime algo de rigor, con normas y restricciones que en algún caso implican multas.

La definición es más política que técnica y el impacto se traduce en resultados económicos.

La campaña de la International Federation of Library Associations para detectar si una noticia es falsa.

-¿Qué le recomienda a la gente para que no sea víctima de este tipo de campañas?

La cantidad de usuarios falsos o ficticios en redes sociales se calcula entre 12 y 15%. Existen innumerables recursos disponibles para impulsar verdades a medias y noticias falsas. La capacidad no tiene límite. La gente ha sido cooptada por la industria y se ha vuelto dependiente del recurso digital. Y a la vez, en un engranaje fundamental del mecanismo de viralización, el factor humano y la emocionalidad son como la pólvora y el fuego. La posibilidad de dar certeza sobre la identidad de un perfil o avatar es baja por no decir nula. Por esta razón la inducción central es por defecto creer que todo lo que recibimos y vemos en las pantallas de nuestros dispositivos es “REAL”.

Los cuestionamientos van desde promover los mensajes de odio o por lo menos no combatirlos; la manipulación de contenidos, entre otras cosas en procesos eleccionarios; escuchar las conversaciones de los usuarios, negarlo y luego reconocerlo formalmente; mentir respecto de la adquisición del servicio archi utilizado en el mundo occidental y de posición dominante o monopólica.

Facebook, tuvo que admitir que 126 millones de usuarios en Estados Unidos recibieron 80.000 publicaciones provenientes de Rusia entre 2015 y 2017. En Estados Unidos aún hoy existe gente que se pregunta si las redes sociales influyeron en las elecciones que ganó Trump. En ese entonces 155 millones de estadounidenses tenían cuentas en Facebook y dos tercios de ellos accedían a noticias allí. En Facebook el algoritmo que selecciona las noticias que muestra la red solo ofrece aquellas informaciones que considera que vos y tus amigos quieren creer, sin realizar ninguna verificación de los datos que contiene. Entonces, noticias que acusaban a los Clinton de asesinato o que aseguraban que Barack Obama es musulmán habrán llenado las páginas de Facebook de millones de personas con tendencia favorable a votar a Trump. Claramente esto es bidireccional.

Zuckerberg causó la reacción de la Claims Conference y otras organizaciones al comentar, en 2018, que los posts que niegan la aniquilación nazi de 6 millones de judíos no serán necesariamente eliminados. Dijo que no creía que los negadores del Holocausto lo hicieran “intencionalmente” mal, y que mientras los posts no llamaran al daño o a la violencia, incluso el contenido ofensivo debería ser protegido. Zuckerberg, aclaró que encontraba “la negación del Holocausto profundamente ofensiva”, pero que creía que “la mejor manera de combatir el mal discurso ofensivo es con un buen discurso”.

Finalmente el escepticismo y la disciplina parecen un buen ejercicio. Personalmente recomiendo coherencia. No tener redes sociales parece una opción.

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