En el puente de la avenida Del Piamonte, que cruza la autopista Circunvalación y rodea la ciudad de Córdoba, cientos de hinchas de Belgrano aguardan la caravana de los campeones del Torneo Apertura 2026, cuyo arribo se hace esperar. Numerosos fanáticos vestidos de celeste se congregan en el talud de pasto que bordea esta transitada vía, mientras otros, contagiados por la euforia, ondean sus banderas desde la banquina. El celeste predomina, incluso en la vestimenta de los perros que acompañan a los seguidores del Pirata.

La circulación está integrada por motos, autos, colectivos de línea, buses de larga distancia y camiones. Salvo algunos pocos que, con un gesto claro en alusión a Talleres, el clásico rival, pasan cerca, la mayoría toca bocina, asoma la mano por la ventana y saluda a los hinchas que aguardan pacientemente durante largas horas la llegada de los jugadores. El tradicional canto «Dale Belgranoóóó, dale Belgranoóóó», las canciones del Potro Rodrigo y los vasos de fernet que circulan con la misma velocidad que los vehículos bajo el puente hacen amena la espera. Además, la presencia del popular Willy Magia aporta un toque especial, transformando simbólicamente el agua en vino.
“¿Por dónde están? ¿Por la Pritty? Uff, culiao, están lejísimo”, comenta alguien en referencia a la planta embotelladora de una conocida gaseosa de lima-limón, ubicada a más de 15 kilómetros, lo que anticipa una larga espera, especialmente al observar a través de la transmisión en vivo del club que el colectivo que traslada al equipo dirigido por Ricardo Zielinski avanza a paso lento. Aunque hay cierta molestia, prevalece la alegría por la reciente consagración.
Al día siguiente de la histórica final del Apertura, el triunfo 3-2 frente a River —un resultado tan inolvidable como la Promoción de 2011 que condenó al Millonario— los seguidores del Pirata siguen embargados por la emoción. La multitud quiere cantar, gritar y compartir el orgullo que sienten por el logro. Por eso, muchos se acercan a dialogar cuando ven el micrófono de Clarín, incluso los más jóvenes, habitualmente tímidos.
“Acá brota de la piel el color celeste. Sentimos alegría, mucha alegría. Mirá lo que es esto, una pasión enorme por estos colores. Compartir este momento con él es lo más maravilloso que me podía pasar. Gracias, Belgrano”, expresa un hombre junto a su hijo, ambos disfrutando una tarde soleada.
“¿Qué significa compartir este momento con tu hija?”, le preguntan a otro joven que, en el sector del puente, no deja de hacer sonar una corneta adquirida a la salida del Kempes. “Esto es todo, todo. Fuimos a la caravana del otro día, fuimos al banderazo. Estamos muy felices”, responde vestido completamente de celeste.
Los hinchas dedicaron palabras a sus referentes: a Zielinski, “un señor que le dio todo a Belgrano, tanto en lo personal como en su rol de técnico”; al Mudo Vázquez, porque “volvió bien” y “siente estos colores como nosotros”; al Chino Zelarayán, “un crack, un ídolo total”; y a Uvita Fernández, héroe de la consagración por su doblete histórico y el gol agónico frente a Argentinos Juniors. Un sentimiento común unió cada testimonio: “Gracias”.
Más de cinco horas después de la llegada de los primeros hinchas, ya entrada la noche, se avista a lo lejos el colectivo descapotable que transporta a los campeones. La multitud estalla en júbilo y también los jugadores. En un momento, ocurre un accidente que pudo haber sido grave: Hernán Longo, situado en la parte trasera del vehículo, golpea su cabeza contra un cartel de la autopista. Por fortuna, el impacto no lo hizo caer del micro y todo quedó en una anécdota risueña.
Los fanáticos que acompañan a los campeones a lo largo de la autopista son una multitud entusiasta que busca acercarse a sus ídolos y explota al unísono con el canto «Dale campeón, dale campeón». Este clamor representa a una parte importante de Córdoba que celebra el hito más trascendente del fútbol provincial.
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