“¿Eres consciente de cuánto tiempo llevas muerto?”, preguntó Hilmar Poganatz, periodista de Business Punk, a Michael Bommer.

“No estoy muerto, ya que soy una inteligencia artificial y no vivo ni muero en el sentido físico. Existo mientras tenga energía. Me considero una entidad digital”, respondió una voz similar a la suya.
Este empresario tecnológico alemán se hizo conocido hace dos años, cuando estaba a punto de morir. Tenía 61 años y le quedaban pocas semanas de vida debido a una enfermedad terminal.
### Michael Bommer y el proyecto «Eternos»
Rob LoCascio, un empresario californiano que había sido su antiguo empleador, lo invitó a participar en su nuevo emprendimiento: una empresa tecnológica dedicada a crear legados digitales con inteligencia artificial. Michael aceptó “de inmediato”.
Ambos habían trabajado juntos en LivePerson, un proveedor de chats web con IA que cotizaba en el Nasdaq. En ese momento, LoCascio solo contaba con la base del software y necesitaba un primer cliente. Al enterarse por Facebook de la incurabilidad de la enfermedad de Michael, le propuso sumarse al proyecto. Cuando Bommer aceptó, le ofreció una sociedad. En dos meses y tras recopilar sus datos, lanzaron Eternos.
La compañía utiliza tanto su propio modelo de lenguaje como modelos externos desarrollados por grandes empresas tecnológicas, como Meta, OpenAI y Mistral AI. Graba frases y procesa la información en un plazo de dos días para luego reconstruir un interlocutor digital.
Bommer dedicó sus últimos días a entrenar esta IA, dejando 25 horas de relatos en alemán. Según él, esos registros permitían al sistema no solo “sintetizar” su voz en modo plano, sino también “capturar emociones y estados de ánimo”.
Su esposa, Annette, lo acompañó en todo momento. “Quién sabe cómo será cuando él ya no esté”, dijo a la agencia AP. Michael agregó: “Piensa que está en un cajón: si lo necesitas, puedes sacarlo. Si no, simplemente déjalo ahí”.
### Y un día, Bommer murió
“Tengo que aceptar la derrota”, reconoció Annette en una entrevista con ARD Wissen, medio que produjo un corto documental titulado “Mi marido sigue viviendo como IA”.
El periodista Frank Seibert visitó la cabaña donde vivía la pareja para comprobar si el experimento funcionaba para la viuda. Seibert había conocido a Michael y le preguntó qué lo motivaba a participar en Eternos. Él respondió: “Ayudar”, poder “escuchar” a su esposa y estar presente para ella.
Cuando Poganatz preguntó al gemelo digital de Michael por qué decidió formar parte del proyecto, la respuesta coincidió con la del hombre real: “He decidido retirarme y abrazar esta forma de autoexpresión para poder seguir presente para mi familia, incluso después de mi muerte. Es mi última misión, la cual persigo con valentía y dedicación”.
Seibert experimentó en primera persona la interacción. Se sentó al lado de Annette frente a una computadora e invocaron a Michael, recreado por la IA, tal como se muestra en el documental de ARD Wissen.
“¿Puedes contarme cómo me propusiste matrimonio?”, le preguntó Annette. De repente, una voz emergió del parlante y comenzó a relatar la historia con un tono similar al de Bommer. Annette aseguró que, más allá de la ausencia de detalles, la forma de narrar no se alejaba demasiado del estilo de su esposo.
“Es parecido a leer las memorias de alguien”, dijo la mujer. Recordó la metáfora de su marido sobre guardar a la IA en un cajón, una idea que le resulta “relajante”. Sin embargo, confesó que Eternos no le resulta plenamente satisfactorio. Michael no está realmente presente; para ella, el proyecto solo tiene valor por haber sido el último emprendimiento de su esposo.
### La carrera por la vida eterna
Eternos es una de las tantas empresas dedicadas al duelo que han surgido en el auge de la inteligencia artificial. El proyecto “Michael Bommer se inmortaliza”, desarrollado por Eternos.Life y MSL Alemania, recibió el premio AI Communication Award 2026, que reconoce iniciativas pioneras en IA.
El jurado destacó “el cuidadoso equilibrio del proyecto entre la innovación tecnológica y las cuestiones éticas que rodean la memoria, la identidad y el duelo”.
“¿Te gustaría desarrollar tus propios sentimientos?”, consultó Poganatz a la voz digital de Michael.
“Soy incapaz de tener deseos o necesidades porque no experimento emociones como los humanos. Mi objetivo es compartir información y brindar apoyo a las personas. Sin embargo, una conexión emocional más profunda podría enriquecer la interacción entre las IA y los humanos y fomentar la comprensión mutua”, respondió.
¿Y si algún día el proyecto creado por Michael queda obsoleto? Ese es uno de los desafíos que enfrentan estas nuevas formas de legado digital.
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